jueves, 25 de febrero de 2010

Capítulo 1:

 


En una gran capital de un país cualquiera una poderosa familia vive unos momentos amargos. El de la muerte de un ser querido. Son una familia poderosa: Los Torres-Alcántara. En primera fila está el viudo con sus dos hijos Javi y Carlos. Los 3 de luto y con unas gafas oscuras para ocultar la ausencia de dolor. El viudo, Teodoro, a veces finge un sollozo para ocultar la indiferencia que sentía hacía su esposa. Del otro lado dos hombres muy atractivos. Los dos en tejanos, discreto pero con un gran dolor en el alma. Son los hijos de la difunta. Los dos hermanos se apoyan mutuamente, saben que sólo se tienen a ellos. Están abrazados por los hombros. El mayor tiene 27 años, es Alberto. Es el más fuerte pero no por eso no siente la muerte de su madre. El menor de 21, Ramiro, es el más sensible y no puede evitar que se le escape alguna que otro lágrima. Además Ramiro no soporta a los del otro lado. Él sabe que su dolor no es sincero. Teodoro tiene que hacer un gran esfuerzo por no sonreír:
--por fin mi deseo se cumplió... --dice para sí-- eras bien bruja... tú con tus aires de enferma me has tenido atado a ti 10 años... yo creía que te ibas a morir pronto pero al fin me libré de ti... Ahora voy a disfrutar de todo lo tuyo... Espero que en tu testamento hayas tenido en cuenta que sólo yo merezco ese dinero... Ni siquiera mis hijos lo merecen más que yo...
Carlos y Javi tienen muchos planes con ese dinero. Hablan en un susurro. Nadie puede oírlos. Es algo que queda entre los dos hermanos:
--yo me voy a comprar un auto último modelo --dice Javi.
--Yo espero que la vieja nos haya dejado mucho dinero... voy a ir de viaje y no habrá chica que se me resista...
--Creí que lo tuyo con Vanessa iba en serio...
Carlos hace una mueca de burla:
--¡¡claro que no¡¡ todo fue para dejar contenta a la vieja... ya ves era un sueño de la vieja esa (el vieja es como mucho desprecio) era que uno de sus hijos se casará con esa boba... Espero que me haya beneficiado en su testamento y luego a vivir...
--¿y sí crees que nos haya dejado tanto dinero como a sus hijos legítimos?
Carlos no tiene dudas:
--tú y yo somos tan hijos de la vieja esa estúpida tanto como Alberto y Ramiro... Por algo nos adoptó... y papá nos convenció a cambio de una fortuna... como mínimo todo su dinero se repartirá en cuatro partes iguales... sino podemos reclamar...
--sí pero no olvides que toda la fortuna en realidad es de Alberto, su padre se la dejó todo a él... Sería injusto que no se la devolviera.
--sí pero el muy estúpido se la cedió a su madre así que ahora su dinero nos lo quedamos nosotros...
Los ojos de los dos hermanos brillan de ambición. Ramiro está furioso:
--míralos --dice a su hermano-- se notan que están felices... Yo sabía que eran unos falsos y que no querían a mamá...
Alberto es más cauteloso. Acaricia a su hermano fraternalmente para que se calme:
--no hagas ninguna locura... eso no lo puedes saber... Tú no sabes lo que sienten...
Con mucha rabia Ramiro dice:
--¡¡claro que lo sé...¡¡ míralos...
--calma hermano... no te alteres y deja que mamá descanse en paz... Son nuestros hermanos aunque no llevemos la misma sangre...
--mi único hermano eres tú... Esos dos tenían engañados a mamá... Si dejaron que los adoptara era por dinero...
--Como sea... eran unos adolescentes como tú... mamá fue su madre también...
--Mamá... solo era nuestra¡¡nuestra¡¡
Ramiro rompe a llorar en brazos de su madre:
--¡mamá era nuestra nuestra¡¡
Su dolor es muy sincero y Alberto lo abraza con el cuello muy paternal. Está acostumbrado a ejercer de padre ya que éste falta desde que Ramiro era muy niño y por eso éste adora a su hermano. Carlos para no se menos que Ramiro se arrodilla al féretro de la esposa de su padre cuando lo van a bajar a la tumba y con un llanto claramente fingido se lanza sobre el féretro:
--¡¡mama... mamita querida¡¡ ¡¡¿porqué?¿¡porqué me haces esto?? ¡¡yo te adoraba¡¡ ¡¡Fuiste la mejor madre del mundo¡¡
Javi no puede creer que su hermano haya llegado a tanto, se le escapa una mueca de risa. Teodoro pone su mano sobre la cabeza de su hijo y dice mirando claramente a los hijos legítimos de la difunta:
--Mis pobres hijos esto es para ellos verdaderamente duro ... Nadie sufre más que ellos porque ellos es la segunda vez que pierden una madre... Nunca lo podrán superar...
Y Ramiro no lo puede evitar. Se pone muy nervioso y grita:
--¡¡Ellos no son hijos de mamá... ellos no la querían como nosotros¡¡
Carlos se enfrenta a Ramiro:
--¡¡claro que sí y ella nos quería más que a ti y tu hermano¡¡
--¡¡mentiroso¡¡ --Ramiro.
Alberto trata de contener a su hermano:
--este no es el momento.
Teodoro se pone del lado de su hijo:
--¡¡pues él no miente y si tú hubieras querido a tu madre no profanarías su memoria...¡¡
Ramiro iba a protestar pero Alberto lo calla con su amor y su autoridad:
--si no te pones serio te vas...
Y Ramiro se traga su rabia pero mira con odio a su padrastro y sus hermanastros. Ve sonreír a Javi y a Carlos y el odio lo carcome y se iba a lanzar por ellos pero su hermano lo tiene bien sujeto. Y la tierra cubre los restos de la difunta ante el dolor de sus hijos. Alberto no puede evitar alguna que otra lágrima. Ramiro se debate entre el dolor y la rabia. Luego cada uno se va por su lado aunque viven en la misma casa. Es una gran mansión en la que unos y otros se evitan. Teodoro y sus hijos se van en un lujoso auto.
--¿y como es que no vino tu novia? ¿creía que ibais en serio? --Teodoro.
--¿tú también? Ni a ella le importa la vieja... Mira que no quiso venir ni para guardar las apariencias pero a mi no me importa porque estoy seguro que me ha beneficiado en el testamento...
--bueno el viudo soy yo... espero que me lo haya dejado todo a mi...

Mientras Ramiro y su hermano no se han movido del cementerio.
--¿ya estás más calmado?
--es que no los soporto... Yo espero que ahora se larguen...
--¿porqué?
--bueno... no creo que mamá nos haga esto...
--Son su esposo... sus hijos aunque no te guste... No creo que los haya excluido de la herencia...
--¡¡pero todo es tuyo... tú no le cediste tu herencia para que la regale a otros sino que...¡¡
Alberto no deja hablar a su hermano:
--este no es el momento... ¿me esperas? voy a la tumba de María Teresa...
--¿y cuando vas a dejar de vivir obsesionado por el recuerdo de María Teresa? Ya hace cuatro años que enviudaste... No es posible que no hayas estado con una mujer ni siquiera por sexo... ¡¡eres demasiado joven para enterrarte en vida¡¡
Con mucha amargura el hombre dice:
--toda mi vida... A María Teresa la voy querer hasta que me muera...
Ramiro lamenta no poder consolar a su hermano que agarra una rosa de las que tiene su madre y se pierde entre las tumbas. Pese a que Alberto siempre habla de que no volverá a querer a nadie, Ramiro siente que su hermano en realidad está frustrado en el amor, que no es por la pérdida de su esposa que en realidad sobre.

En otra parte de la ciudad, dos personas, que más bien parecen dos bestias, están fornicando salvajemente.
--¡¡dame más... más duro...¡¡ oh si... Augusto... más más...
--¡¡que polvo Vanessa¡¡¡que polvo¡¡


Por su lado, una mujer, Valentina, está cocinando para su hija de 10 años. Sobre el televisor hay una foto de la boda. Es de Augusto y ella. De repente llaman a la puerta. Es del banco que les informa que por falta de pago han perdido la casa. La mujer no da crédito a lo que oye:
--¡¡no es posible¡¡ ¡¡yo le di el dinero a mi esposo¡¡ lo pagamos¡¡
Le piden el comprobante que la mujer claro no tiene así que ante el llanto de la pequeña y la desesperación de la madre los agentes proceden a sacar a la calle las cosas personales de Valentina que trata de comunicarse con su marido pero éste está demasiado feliz acostándose con Vanessa. Y a pesar que trata de evitarlo, Valentina y su hijo acaban en la calle.
--¿qué pasa mami?
Valentina finge tranquilidad para con su hija:
--nada mi amor... papá lo arregla todo...
Y Valentina no sabe qué hacer porque su marido nada que no responde y finalmente llama a Vanessa que toma la llamada mientras este está en la ducha. Luego ella se acerca a su amante y le dice:
--Valentina está desesperada... Ya la echaron a ella y a tu hija... No saben qué hacer...
Augusto se sigue duchando sin importarle nada:
--¿y qué?
--¿cómo le vas a decir a Valentina que no tienes el dinero?
Divertido el hombre dice:
--que me lo gasté en ti...
--¡¡no todo... tienes otros vicios¡¡
--bueno... cuando te cases con el riquillo todo se arreglará...
--Carlos no está por la labor... esa maldita vieja se murió antes de hora... bueno... no tardes en irte... voy a traer a Valentina y a tu hija aquí...
Eso no gusta nada al hombre:
--¿aquí?
--¿y que piensas hacer?
--Yo nada...
--Valentina es mi amiga...
--¿y por eso te acuestas con su marido?
--eso no importa... ya buscaremos otro sitio para vernos...
Augusto sigue en la ducha, Vanessa va a buscar a Valentina que se siente aliviada al recibir el apoyo de su amiga:
--más que mi amiga eres mi hermana... puedo confiar en ti más que en mi propio marido...
Y aunque el cariño por ella es sincera, Vanessa no puede evitar por dentro burlarse de la situación...

Días después. la tensión en la sala de los Torres-Alcántara es irrespirable. Se lee el testamento de la difunta. Ésta deja la mitad en usufructo a su esposo, el resto será para el primero de sus cuatro hijos que le dé un nieto, un nieto con el que la una lazos de sangre. Alberto y Ramiro se han quedado estupefactos. Carlos y Javi sonríen.


No hay comentarios:

Publicar un comentario